Creo que todavía quedamos algunos supervivientes que fuimos protagonistas de lo que yo llamo una «exquisita educación». Me explico: en nuestra niñez, cuando alguien nos preguntaba cómo nos llamábamos, respondíamos, por ejemplo: «Manolito, para servir a Dios y a usted». Asimismo, cuando viajábamos en tranvía, nos levantábamos presurosos para ceder el asiento a cualquier persona mayor que estuviera de pie. Estos y otros detalles ponían de manifiesto un profundo respeto hacia los demás y constituían la base de nuestra crianza.
Hoy en día, sin embargo, no podemos pedir peras al olmo. El entorno en el que crecen nuestros niños está sumamente contaminado y ya casi nadie hace gala de buenos modales. Incluso la televisión —un medio de comunicación tan crucial— parece haber olvidado que, además de difundir información y entretenimiento, tiene el deber de educar.
Mis amables lectores coincidirán conmigo en que, a lo largo de toda la jornada, la programación nos satura con una serie de palabras malsonantes e innecesarias. Parece que se recurre a los insultos y vulgaridades con orgullo, bajo el erróneo juicio de que aportan mayor contundencia a los diálogos. Con contadas excepciones, tanto los tertulianos e invitados como los propios locutores y presentadores no reparan en utilizar un lenguaje grosero que hiere la sensibilidad de nuestros oídos.
Como los niños escuchan estas expresiones a cualquier hora del día, de poco sirven nuestras reprimendas; se justifican diciendo: «Pero... sí lo dicen en la tele», y se quedan tan tranquilos porque, en el fondo, tienen razón.
Soy consciente de que no se puede reinstaurar aquel educadísimo «para servir a Dios y a usted», pues la sociedad actual se ha degradado notablemente. No obstante, el Ministerio de Educación bien podría crear un organismo o comisión especial de seguimiento para el sector televisivo. Esta entidad debería tener la facultad de prohibir y sancionar a los canales que contaminan de forma tan vulgar nuestro entorno familiar.
De igual manera, se debería exigir y enseñar a los profesionales de la pantalla a hablar correctamente el castellano, ya que también nos bombardean con constantes incorrecciones gramaticales. Estas faltas provocan espanto en quienes amamos la lengua de Cervantes.
Por intentarlo, desde luego, que no quede; y ojalá los niños volvieran a servir «a Dios y a usted», que buena falta le hace a este mundo.
CREDITOS
PUBLICACION:Una educación exquisita
EDITOR: Información de Alicante
TEXTOS:Raul Alvarez Anton
Fotografías: Información/Archivo Municipal de Alicante/Sanchez/Soriano/Arjones/E.Bañon/IA. etc.
SECCIÓN:Recordar...
FECHA DE PUBLICACION:13/09/1998 | Copyright ©
EDITOR: Información de Alicante
TEXTOS:Raul Alvarez Anton
Fotografías: Información/Archivo Municipal de Alicante/Sanchez/Soriano/Arjones/E.Bañon/IA. etc.
SECCIÓN:Recordar...
FECHA DE PUBLICACION:13/09/1998 | Copyright ©


























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