Historias de aquí

En otro momento escribía sobre la polémica municipal motivada por el viejo cementerio de San Blas, hoy nos detendremos en otros lugares de enterramiento menos conocidos. Hasta finales del Setecientos las inhumaciones se hacían en centros religiosos por la creencia de que, al estar en lugar sagrado, quedaban los muertos más cerca de la salvación eterna.

REDACTOR: D. Enrique Cutillas Bernal ©

En un estudio realizado para el segundo volumen de «El Monasterio de la Santa Faz», tomando una muestra de cien testamentos, encontramos que un 32% de otorgantes preferían ser enterrados en San Nicolás y un 13% en Santa María.

En cuanto a los conventos, la preferencia era para el Santo Domingo con un 11%, seguido del convento del Carmen con 9%, Santa Faz el 7%, y en menor cuantía en otras comunidades. Claro está que este resultado no debe llevarnos a error, pues en la elección de sepultura intervenían otros factores como el económico, que hacía que, el de Nuestra Señora de Gracia de los Franciscanos, preferido por los genoveses, al ser más caro, fuera menos elegido.

Dentro de San Nicolás los nobles y familias ricas tenían capillas particulares, mientras que el pueblo era enterrado en los grandes «carneros» del claustro. En Santa María los menos pudientes eran depositados en el centro de la iglesia y en la actual capilla de la Inmaculada y los nobles al pie de los altares, muchos de ellos particulares. También tenemos constancia de preferencias por el convento de S. Agustín (plaza de Quijano), Jesuitas (convento de la Sangre), y de Capuchinos (Campoamor).
En momentos puntuales como la epidemia de 1648 se enterraba en el de Ntra. Señora de los Ángeles (actual centro militar), en el antiguo Hospital de Montengón, en el de Tierra Santa (espaldas de la calle Jerusalén-plaza Nueva), y al parecer (no constatado) en las cercanías de Gabriel Miró.

Las leyes dictadas por los borbones prohibieron enterrar en iglesias y conventos. Se hacían limpias de «carnero» en San Nicolás y Santa María; y más tarde «mondas» en iglesias y conventos, depositándose los restos a espaldas de la Misericordia (Fábrica de Tabacos).
Esto en cuanto a enterramientos católicos; pero en Alicante vivían gran número de extranjeros que por no ser católicos no eran sepultados en sagrado. Y así encontramos un cementerio de ingleses en el Huerto de Seguí (fábrica del Gas), y otro de protestantes no ingleses, cercano a la calle Jovellanos, «junto a la plaza de las palmeretas». Los bancales eran propiedad de los franciscanos y los tenían alquilados para este menester.

En 1804 y como consecuencia de la fiebre amarilla se abría el viejo cementerio de San Blas. Era propiedad del Cabildo de San Nicolás, excepto unas pocas calles que pertenecían a Santa María. El clero era propietario y daba servicio; y lógicamente cobraban cantidades fijadas con la Ciudad. En 1868 la Junta Revolucionaria requisaba «el cementerio, oficinas, terrenos anexos, etc.», pero la Restauración devolvería las cosas a su lugar.

En 1888 se abrió junto al católico el cementerio civil, pero el poco cuidado que prestaba el Cabildo de la Colegial llevaría a enfrentamientos en el Ayuntamiento entre conservadores y republicanos por construir un cementerio municipal y el cierre por saturación del viejo. Viravens, representante de los primeros, negaba esta posibilidad, alegando que el de San Blas estaba en perfectas condiciones y, además, la ley dejaba estos centros en manos de la Iglesia.

El destino jugaría contra Viravens y cuando en 1897 murió su esposa, el Cronista no pudo reprimir sus sentimientos y toda la defensa que había hecho del viejo cementerio se volvía contra él. A principios de 1898 y avalado por licencia eclesiástica solicitaba a su majestad que le fuera permitido trasladar el cuerpo de su mujer a la capilla privada que tenía en su casa.
Ese mismo año una Real Orden autorizaba el traslado «a la cripta de la capilla de la Inmaculada Concepción sita en la calle Labradores... y asimismo, ocurrido que sea el fallecimiento del solicitante, se autorice la inhumación del cadáver embalsamado en la expresada capilla».

El Ayuntamiento se opuso rotundamente a convertir la casa de Labradores en un cementerio privado, y dejaba claro que el cementerio de San Blas, tan bueno para los demás alicantinos, no lo era para el exconcejal y su familia.

CREDITOS
PUBLICACION: Cementerios en Alicante
EDITOR: Información de Alicante
TEXTOS:Enrique Cutillas Bernal
Fotografías: IA/Información/Archivo Municipal/Sanchez/Soriano/Carratalá/Arjones/E.Bañon. etc.
SECCIÓN:Historias de Aquí
FECHA DE PUBLICACION:08/11/1998 | Copyright ©