“Durante el preestreno de la película de Domingo Rodes no pude evitar mirar al pasado y recordar las duras vivencias que tuvieron que soportar aquellos excautivos de la Tabarka africana que se asentaron en nuestra isla Plana en 1770. El número de rescatados que llegaron Alicante ascendía a 311, y los podemos desglosar en 68 familias más 32 «tabarquinos sueltos».”...
Entre las 68 familias constituidas reunían 155 hijos solteros de los cuales, 83 eran mujeres y 72 hombres. No todos llegaron a establecerse en la vecina isla, algunos fallecieron en Alicante.
Durante las guerras carlistas la isla sirvió como prisión para los desafectados a Isabel II, y fuera por la situación política o por la escasez de medios a mediados del ochocientos, el pequeño pueblecito sufría un fuerte descenso poblacional y continuado deterioro en sus edificaciones y servicios.
En 1844 el Ayuntamiento concedía al gobernador militar de la isla de San Pablo, Nueva Tabarca, 200 reales para la construcción de un cementerio», y el mismo Cabildo repuesto por Rocali acordaba abonar al cura de Tabarca los gastos de culto en la procesión de Semana Santa. Los abusos de poder estuvieron presentes siendo amonestado el gobernador de la isla por querer cobrar un canon a todas las embarcaciones que llegaban a puerto, y haciéndole saber que era el alcalde pedáneo el único que tenía atribuciones municipales.
La situación de los moradores se fue deteriorando hasta el punto de no disponer de escuelas ni cementerio por ser inservibles, por lo que el gobernador excita el celo del Excmo. Ayuntamiento para que se decida a mejorar las necesidades públicas de la isla de Tabarca, donde debería establecerse una escuela rural, crear una plaza de médico cirujano que pudiera remediar las enfermedades de los vecinos y decidirse a construir «el cementerio que tiene aquel pueblo en lamentable estado de abandono».
Los 2.500 reales a finales de 1860 y con cargo al presupuesto municipal del siguiente año, destinaba el Ayuntamiento 2.500 reales para el establecimiento de la escuela, pero atendiendo que los vecinos de Tabarca no contribuyen en ningún sentido en la cargas municipales nada podía hacer el Ayuntamiento en el tema del cementerio y del cirujano, sino proponer que se trasladaran a esta ciudad, el alcalde pedáneo y una comisión de vecinos pudientes de la isla, para negociar la forma de establecer una derrama entre aquellos moradores que pueden aportar lo necesario para cubrir la plaza de cirujano y mejorar el lugar donde descansan los difuntos.
De esta declaración podemos establecer varias deducciones las cuales en 1860 los tabarquinos seguían disfrutando de la exención fiscal ordenada por Carlos III. La vida para muchos fue dura, pero otros consiguieron mejorar su situación e incluso enriquecerse trasladándose a vivir a la ciudad, mientras que gente de tierra adentro se trasladaba a Tabarca como el caso de Carlos Poveda y su familia. Baltasara Rodrigo, al quedar viuda de Poveda, pudo edificarse una casa propia en la zona agrícola de la isla, «en conformidad con los derechos de los vecinos» y autorización del alcalde pedáneo.
Para asegurarse la propiedad de la edificación, la citada Baltasara Rodrigo, pedía al Ayuntamiento «un título supletorio, puesto que es insuficiente el simple permiso de edificación». Carencias pese a la decisión municipal de crear una escuela en 1860, al siguiente año nada se había realizado, por lo que la Junta Provincial de Instrucción Pública denunciaba la situación que padecían los 103 niños de ambos sexos que hay en la cercana isla de Tabarca sin recibir ningún género de educación, y pedía la apertura de dos escuelas; una para niños dotada con 2.500 reales al año, y otra de niñas con 1.767 reales.
(En 1860 se solicitaron dos escuelas para los 103 niños que vivían en la isla)
Pasaría más de un año sin que el Cabildo municipal atendiera esta sugerencia, hasta que la citada Junta de Instrucción remitió en mayo de 1862 un oficio del «Sr. Rector del Distrito Universitario... con las facultades que le concede el art. 182 de la Ley de Instrucción Pública, había estimado nombrar a doña Soledad Romero Nortes... maestra de la escuela de la isla de Tabarca» con una dotación de 1.767 reales al año.
También fueron los propios tabarquinos los que resolvieron el problema del cirujano, y tras nombrarlo, el pedáneo de la isla Tomás Antón con la firma de varios vecinos solicitaban al Ayuntamiento que concediera la plaza de cirujano a «don Pedro Sesci, maestro sangrador... ya que las condiciones desfavorables de la población de una parte, y la escasa dotación señalada por otra, hacen imposible el que opte a ella otro facultativo de mayor categoría», si bien garantizaban que el recién nombrado tenía «los estudios completos para cirujano de segunda». El Ayuntamiento aceptó pero sólo como interino. El tema del cementerio seguiría pendiente.
CREDITOS
TITULO PUBLICACION:
Tabarca.
EDITOR: Información
REDACTOR-TEXTOS: Enrique Cutillas Bernal
PORTADA: Composición realizada por IA.
FUENTE DE LA PUBLICACION: www.informacion.com
CREADO|MODIFICADO: Domingo, 21 de septiembre, 1997 | ©
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