“Entre las profesiones que han desaparecido a medida que mejoraba el nivel de vida está la del colillero. Su época dorada fue la posguerra, cuando las carencias empujaban a hacer cosas que después dejaron de tener sentido. Los vendedores ambulantes ofrecían entonces cigarrillos baratos de fabricación casera, y a veces el tabaco salía de una recogida masiva de colillas..”...
La posguerra fue su mejor momento, pero la figura es anterior. El Diccionario de la Real Academia define al colillero como la persona que recoge por calles, cafés, etc., las colillas que tiran los fumadores. Un estudio sobre este personaje en la literatura sostiene que este tipo social se reconoce a partir del siglo XIX, y que el costumbrismo español ya lo retrató.
Otras fuentes sitúan un episodio concreto en 1839. Ese año la carencia provocada por la guerra hizo que se recogieran restos de tabaco para revenderlos al bulto. Según esa misma fuente, en 1890 el diario La Época distinguía dos tipos de colilleros; los ambulantes, que cogían las colillas en las calles, y los fijos, que compraban las recogidas en locales públicos, sobre todo cafés. La misma fuente explica que este tráfico era más floreciente cuanto más dramática era la situación social, con sus mejores momentos en guerras y posguerras.
Para entender por qué proliferaron, hay que mirar el racionamiento. Además de la cartilla de alimentos existía una para el tabaco; la cartilla del fumador apareció el 1 de octubre de 1940, exclusivamente para hombres mayores de 18 años. La norma, llamada oficialmente «Instrucción reguladora del consumo de tabaco», reservaba las raciones a los varones mayores de 18 años, con cupones numerados para retirar cantidades fijas.
Ni siquiera con cartilla había garantías. Se podía comprar ese tabaco "si es que había"; en Barcelona, en 1941, no se repartió durante mes y medio. Quien tenía dinero recurría al tabaco de importación, que costaba unas 20 pesetas la cajetilla según esa fuente. El resto se buscaba la vida. Hubo fraude y tráfico ilegal de tarjetas de fumador, y algunos no fumadores cambiaban su tabaco por una hogaza de pan de estraperlo. En muchos casos el tabaco funcionó casi como una moneda.
En ese contexto surgió el colillero como un señor que iba con un palo y un pincho recogiendo colillas, para uso propio o para tabaco de segunda categoría. El de Córdoba lo describe así: clasificaban los restos por tipo de tabaco para liarlos y "fabricar" cigarrillos nuevos destinados a la venta o al consumo propio. Añade que casi siempre eran hombres, tan identificados con lo que hacían que el "oficio" acababa dándoles nombre.
Según un testimonio publicado en El Diario de Madrid, recoger colillas del suelo tenía poca gracia, pero hacerlo en las vías del Metro se acercaba al arte. Entonces se podía fumar en los andenes, y los fumadores arrojaban el pitillo sin terminar a las vías cuando llegaba el tren. Ese era el momento de los colilleros, que llevaban una caja de betún abierta con un largo cordel anudado al dedo. Después, según el mismo relato, el colillero lavaba el tabaco obtenido y lo vendía a bajo precio.
El personaje también quedó en la cultura popular. Se le encuentra en La colmena de Cela y en la película Mi tío Jacinto, de Ladislao Vajda, ambientada en el Madrid de 1956, con Pablito Calvo y Antonio Vico como colilleros.
Aquí hay que ser prudente. El testimonio de El Diario de Madrid atribuye su fin a la aparición del tabaco emboquillado, que no dejaba restos. Es una explicación razonable, pero procede de un texto de memorias y no he encontrado una fuente académica que la confirme. Parece más sensato pensar que influyeron varios factores a la vez:
- El fin del racionamiento.
- Las cartillas se suprimieron en 1952.
- Las fuentes discrepan sobre el mes exacto, entre abril y el 1 de junio, pero coinciden en el año.
- Con el tabaco disponible en estancos, la colilla dejó de ser una alternativa.
- La mejora del nivel de vida.
- Un cigarrillo entero dejó de ser un lujo.
- El cambio en el propio producto.
- Los filtros dejan una colilla menos aprovechable que un pitillo sin boquilla.
Hoy las colillas ya no se ven como un recurso, sino como un problema ambiental. España ha regulado la gestión de los residuos del tabaco con el Real Decreto 1093/2024, que exige a los fabricantes que cumplan con sus obligaciones financieras en la gestión de los residuos y que financien la limpieza de la basura dispersa. La colilla pasó de ser materia prima de los más pobres a ser un residuo que debe pagar la industria.
Conviene matizar la versión de las colillas como origen de los cigarrillos baratos de la época. Las fuentes coinciden en que la colilla era una fuente de tabaco de segunda categoría, pero no permiten cuantificar cuánto de lo que se vendía en la calle procedía de ella. Otras vías de suministro, como el estraperlo o los cigarrillos "balsámicos" que se vendían en las farmacias, convivieron con ella. Los colilleros fueron una pieza más de una economía de subsistencia, no la única.
CREDITOS
TITULO PUBLICACION:
El colillero, el oficio que nació de la escasez y se apagó con el filtro.
EDITOR: Publicaciones/Editorial
REDACTOR-TEXTOS: Editorial | GyC.Publicaciones
Fotografías: Fotografía elaborada con GEMINI IA.
FUENTE DE LA PUBLICACION: Facebook
FECHA DE PUBLICACION: 29 Octubre, 2026 | Copyright ©
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