“Práctica callejera tradicional y peligrosa que realizaban los niños en España durante mediados del siglo XX (especialmente entre las décadas de 1950 y 1970). Consistía en fabricar un cohete casero o provocar una fuerte detonación utilizando una lata metálica y la reacción química del carburo de calcio.”...
En la actualidad los niños y jóvenes tienen a su disposición infinidad de juguetes industriales y vídeoconsolas que, dicen, sacian las apetencias lúdicas de esas edades, pero en nuestra niñez y mocedad carecíamos de todo ello y habíamos de jugar con una serie de juegos naturales que han pasado al baúl de los recuerdos, pero que a mí particularmente me gusta recordarlos porque mis aspiraciones lúdicas de entonces se colmaban día tras día y tarde tras tarde, como la de tantos otros niños jugando en plena calle.
De aquellos juegos recuerdo, para nosotros, «l'anguileta amagá», la trompa, las chapas, la escampilla, las bolas, los bolos, el «báñate de ahí», el caliche, el tranco y otros muchos más que nuestro corto ingenio inventaba para pasarlo bien pero hoy traigo a este Recordar un juego que requería cierto valor y astucia.
Me refiero al juego con el bote de carburo. Carburo consistía en hacer un hoyo en la tierra en el Paseo de Campoamor -era mi área de habitat-. Echábamos dentro del hoyo un puñado de carburo y después agua.
Poníamos inmediatamente encima del carburo un bote vacío de tomate en conserva al que previamente se le hacía un agujero en la parte superior, y como ya el carburo comenzaba a destilar gas tapábamos el hoyo con tierra cercando el bote a fin de que el gas no pudiera escapar nada más que por el agujero que tenía el bote.
Y ahora venía el peligro al que retábamos con valor arrastrándonos a ras de tierra y portando en la mano un papel encendido nos acercábamos cautelosamente hasta el bote.
Acercábamos con mucho cuidado la llama del papel al orificio del bote y se producía la explosión que conllevaba el lanzamiento del bote a gran altura con el consiguiente regocijo por parte de los chavales que mirábamos a lo alto para ver quién de nosotros lograba más altura con su bote.
Y en eso estaba el juego, juego que entrañaba su riesgo porque en ocasiones en lugar de salir el bote disparado hacia lo alto lo hacía hacia un lado con el consiguiente riesgo de los que estábamos próximos, pero dábamos así satisfacción a nuestra apetencia de aventuras.
Como digo, el Paseo de Campoamor se convertía en nuestras manos en una edición pionera de lo que hoy llamamos Cabo Cañaveral y en donde sin ser nosotros de la NASA fuimos los primeros en ejecutar lanzamientos al espacio aunque fueran botes de tomate en vez de naves espaciales.
Hoy priman otros juegos, como he dicho anteriormente, pero nosotros si retornáramos a aquella edad, seguro estoy de que volveríamos a la «anguileta amagá» y al juego del bote de carburo que tenían más connotaciones con nuestro espíritu aventurero de la niñez.
CREDITOS
TITULO PUBLICACION:
Jugar al bote de carburo.
EDITOR: Información de Alicante
REDACTOR-TEXTOS: Raúl Alvarez Antón
Fotografías: Portada tratada con GEMINI IA.
FUENTE DE LA PUBLICACION: informacion.com
FECHA DE PUBLICACION: Domingo, 6 de julio, 1997 | Copyright ©
EDITOR: Información de Alicante
REDACTOR-TEXTOS: Raúl Alvarez Antón
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