“En 1890 el Ayuntamiento tendría dos grupos totalmente opuestos, destacando los enfrentamientos entre los concejales Rafael Viravens y Armando Alberola.”
Desde principios del siglo XIX Alicante disponía de un cementerio en la partida de San Blas. El cronista Viravens nos decía de él en 1870 que «los cadáveres llegaron a enterrarse hacinados unos sobre otros» sin llevar un registro de sepulturas hasta 1876, lo que propiciaba «abusos y profanaciones».
Veamos cómo cambia de opinión Viravens, que en 1886 renunció a la plaza de archivero por pérdida de visión y salió elegido concejal en 1890.
Desde años atrás se venía pidiendo un nuevo cementerio y un lugar para las autopsias. En 1886 un grupo de vecinos solicitaba un cementerio para enterrar los cuerpos de las personas «que vivieran alejadas del culto de la religión oficial o de otra positiva, profesando únicamente la religión de su conciencia».
En 1890 el Ayuntamiento tendría dos grupos totalmente opuestos, destacando los enfrentamientos entre los concejales Rafael Viravens y Armando Alberola. El 17 de enero de 1890 el abad de la colegial informaba que no se ampliaría el cementerio civil sin comprar «partes de los terrenos adyacentes al actual».
Alberola y su grupo proponían que, dada la cercanía del lugar a la ciudad, el sistema antiguo de enterramientos y la fatal situación que ocupa aquel recinto (en la falda pronunciada de un promontorio en la que más de una vez han flotado sudarios, ataúdes y restos humanos, maleando con esa podredumbre todos los manantiales existentes en las cercanías), sería mejor hacer una necrópolis a dos mil metros de las casas más próximas, en la que tendrían cabida todos, católicos o no.
Viravens se opuso por «los obstáculos que siempre se han presentado; y hasta textos legales determinan claramente que los ayuntamientos no deben construir cementerios municipales sin ponerse previamente de acuerdo con la autoridad eclesiástica».
La respuesta de Alberola fue firme y señalaba «que existe cierta prevención contra las oposiciones», pues la real orden de 16 de julio de 1888 daba facultad al municipio para construir cementerios, como demostraba lo ocurrido en Madrid en 1877 con el cementerio del Este. La polémica duraría varios meses.
El nueve de febrero Viravens daba cuenta de la petición de los propietarios de panteones y nichos, negándose a un nuevo cementerio, por lo que debían «comunicar al director general de Sanidad la imposibilidad de la clausura del actual cementerio y la construcción de uno nuevo».
A su juicio, la Colegial no debía vender más terrenos a particulares, siguiendo los actuales propietarios y «quedando para zanjas comunes los cuatro cuadros... en la parte posterior de los panteones». Aceptaba una ampliación comprando terrenos pagando de las cuentas de fábrica, y en caso de no tener fondos la Colegiata, debería abonarlos la ciudad. Además, serían el alcalde y el abad quienes señalaran «los derechos de sepultura que corresponde recibir a las parroquias por la jurisdicción que tendrán los curas en aquel recinto... dejando un lugar decoroso para... los que mueran fuera del gremio de la Iglesia Católica».
Alberola exigía un cementerio municipal para que a los propietarios de mausoleos se les concediera igual superficie que tenían por si les place trasladar al nuevo... los restos. La votación fue ganada por el grupo de Viravens, y la oposición hizo «un llamamiento patriótico para que no se apruebe dicho dictamen o, de lo contrario... contraerán una gran responsabilidad los que voten si desgraciadamente el día de mañana alguna epidemia se cebase en nuestra población».
Levantóse Martínez Torrejón para alegar que «no hay más responsabilidad que la ley... Alicante no es una población donde las epidemias hayan hecho más estragos que en otros puntos», y apostillaba que «no era al municipio sino a la Iglesia a quien corresponde en todo caso construir los cementerios».
El abad comenzó la ampliación del cementerio, pero el 18 de abril el concejal Alberola interpelaba al alcalde sobre la veracidad de las noticias publicadas en la prensa sobre los hechos acaecidos en el cementerio. Nadie tenía más noticia que lo publicado, por lo que requerían explicaciones del abad.
Este reconocía ser cierto que, con ocasión de estar abriendo una fosa donde hacía más de 20 años que se había hecho el último enterramiento, se iban recogiendo los restos ya secos para colocarlos en los osarios destinados al objeto. Los hombres tenían orden de que «cada vez que depositan restos en el osario, los cubran con una capa de tierra, pero no los taparon por olvido, y en ese intermedio ocurrió lo del perro».
El resto pueden ustedes imaginarlo. También los motivos que llevaron al cambio de opinión de Viravens.
CREDITOS
TITULO: Enfrentamientos por el cementerio.
EDITOR: Información de Alicante
REDACTOR/TEXTOS: Enrique Cutillas Bernal
Fotografías: Generada IA - GEMINI ®
ORIGEN:https://informacion.com/
FECHA: Domingo, 10 de Mayo de 1998 | Copyright ©
Publicaciones con derecho de autor. |™ trademark |Copyright ©
EDITOR: Información de Alicante
REDACTOR/TEXTOS: Enrique Cutillas Bernal
Fotografías: Generada IA - GEMINI ®
ORIGEN:https://informacion.com/
FECHA: Domingo, 10 de Mayo de 1998 | Copyright ©
Publicaciones con derecho de autor. |™ trademark |Copyright ©















0 Comentarios