“La Santa Faz apenas se vio afectado por el Patronato que ejercía el Ayuntamiento, que al mismo tiempo decidía apoyar a las monjas Capuchinas y Agustinas.”
Con las desamortizaciones y exclaustraciones del siglo XIX comenzaron malos tiempos para los conventos religiosos. Los más perjudicados fueron los masculinos, al menos en Alicante, donde el de la Santa Faz apenas se vio afectado por el Patronato que ejercía el Ayuntamiento, que al mismo tiempo decidía apoyar a las monjas Capuchinas y Agustinas.
Esta medida se tomó para que no se las obligase a trasladar su domicilio, puesto que tenían para ello el «número de religiosas prevenido en el Decreto de suspensión de regulares». Pese a esto, en 1839 el Gobernador eclesiástico de esta Diócesis ordenaba a las monjas Capuchinas... que cedieran la parte de terreno necesaria al ensanche del callejón.
En cuanto a las monjas de la Sangre, habitaban en la antigua casa de la Compañía de Jesús desde finales del siglo anterior y, junto a esta, tenían un grupo de casas que dificultaban el paso entre la plaza de la Sangre (hoy del Remedio) y la calle del Llop (Maldonado).
En 1859, don Francisco Moreno, capellán de las monjas, intentaba comprar estas casas y solicitaba al municipio que le permitiera «agregar a su casa-hospicio la mitad del local que fue Escuela de Gramática». De inmediato se opuso la Priora de la Sangre alegando que las casas N.º 4, 6, 8 y 10 de la calle del Lobo, contiguas a su convento, eran dependencias de este y, como tal, parte de su propiedad... y se oponían a su venta como bienes exceptuados de la Ley de Desamortización.
Las casas eran de poco valor, pero la zona se revalorizaba con las nuevas casas del marqués de Río Florido, que pocos años después eran rentadas por cuatro años y 6.000 reales «con destino a Audiencia de Juzgado de Primera Instancia y Juzgado de Paz».
Pero las viejas casas tenían los días contados. En 1897 el Ayuntamiento derribaba «la parte ruinosa del convento de la Sangre obteniendo para la calle 45 metros», que abonaron a 10 pesetas. También pagaron a las monjas 120 pesetas, importe de 60 metros cúbicos de piedra de cantería sacada del derribo.
Estas cantidades fueron disminuidas en 146 pesetas por el desescombro. Días después, Lutarda Martínez, priora del convento de la Sangre, pedía autorización «para reconstruir la fachada a la calle Maldonado y habilitar un local para habitación del padre capellán», debiendo ser eximida de los derechos de obra. Una mayoría de concejales votó en contra de la exención.
En resumen, a las Agustinas les derribaron el huerto, parte de la sacristía y la casa del capellán. Y todo por 437,50 pesetas. Ante la negativa a la exención, la Priora citada pedía al Ayuntamiento que, dado que al derribar la casa del capellán este quedaba sin albergue, teniendo que recurrir la Comunidad a «la caridad inagotable de buenos vecinos gracias a cuyo esfuerzo se ha podido dar principio a la construcción de una reducida vivienda sobre el local ocupado por las sacristías de la iglesia y convento de la Comunidad», suplicaba a la municipalidad la concesión de una gracia que «antes de pedir, cuenta ya la Comunidad con seguridad de obtener».
El favor que pedía era que le entregaran «los materiales que, procedentes del derribo de la ya expresada casa que el capellán ocupaba, estaban depositados en los almacenes municipales». Nueva discusión entre entregarlos o no, pero esta vez ganaba el «sí» por 8 votos a favor y 4 en contra. La sorpresa fue al entregar los materiales de derribo, de los que solo quedaban «tres o cuatro puertas que para nada sirven, dos pequeños antepechos de hierro y las vigas de madera carcomidas». Un grupo de concejales preguntó dónde estaba «la piedra de mampostería y sillería producto del derribo», que era lo más necesitado para edificar.
Tras solicitar información de la Comisión correspondiente, resultó que los 60 metros cúbicos de piedra de mampostería y sillería «habían sido utilizados en la alcantarilla de la calle Maldonado». Al margen de lo anterior, yo me pregunto si hay algo que influya en los hombres para que las piedras nobles tengan como destino las cloacas.
Y digo esto porque acabo de enterarme de que los sillares pertenecientes a una antigua iglesia-fortaleza derribada a finales de los años cuarenta de este siglo en cierto pueblo de la provincia, y por los que llevo interesado varios años, han tenido casi el mismo destino: unos pocos de ellos, los más llamativos y manejables, fueron a parar a la casa del alcalde y la gran mayoría sirvieron para el alcantarillado de la calle principal.
CREDITOS
TITULO: Canonesas de San Agustín.
EDITOR: Información de Alicante
REDACTOR/TEXTOS: Enrique Cutillas Bernal
Fotografías: Generada IA - GEMINI ®
ORIGEN:https://informacion.com/
FECHA: Domingo, 21 de Junio de 1998 | Copyright ©
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