Librarse de la mili
Los jóvenes de hoy evitan un año de servicio militar mediante la objeción de conciencia o la insumisión. Pero las pocas ganas de estar un determinado tiempo en el Ejército no son cosa de ahora. También en épocas lejanas se buscaban artimañas para no acudir, sobre todo en los años con problemas bélicos. Aunque pueda parecer extraño, estos deseos de no acudir a filas fueron canalizados por hombres imaginativos para obtener pingües beneficios.
Tenemos en nuestras manos una curiosa carta de 1831, en la que don Salvador Pérez y Mira, «vecino de Monóvar de la clase de Hacendados y hallado actualmente en esta plaza», proponía a nuestro Ayuntamiento la forma de aliviar la suerte de los mozos sorteables a quienes cupiera la de soldado. La idea del hacendado de Monóvar era formar una empresa semejante a las de seguros. Esta compañía recogía determinadas cantidades de las familias cuyos hijos debían ser llamados a filas, las cuales tenían que estar depositadas en la empresa antes de celebrarse el sorteo. Como contraprestación, quedaba obligada a conseguir determinadas prerrogativas que iban desde el cambio de número hasta proveer a un sustituto que ocupara el puesto del joven.
Salvador Pérez detallaba en un contrato las condiciones y distinguía cuatro clases de servicios. En primer lugar, ofertaba lo que denominaba «Depósito de Primera Clase». La familia del mozo debía entregar antes del sorteo 600 reales de vellón «si era un mozo el que estaba en suerte». De ser dos los hermanos sorteados, había que depositar «una mitad más; si eran tres, otra mitad más; y si eran cuatro, el último hará el depósito entero».
A cambio, la empresa se comprometía «a costear todos los gastos necesarios en esta Ciudad y fuera de ella para entablar la solicitud y demás diligencias hasta obtener el decreto para la admisión de uno que ocupe su suerte. Una vez efectuado el cambio, debía costear y mantener al sustituto hasta ser admitido en la Caja de Depósito, y pagaba entre 300 y 500 reales por vestuario y equipo, respondiendo por él en caso de que desertara. El quinto sustituido debía encargarse de todos los trámites exigidos hasta que por decreto fuera aceptado el trueque, aunque en compensación la empresa debía abonarle por gastos seis reales diarios durante todo el tiempo que permaneciera fuera de casa.
Podía ocurrir que el sustituto desertase y, en este caso, la empresa estaba obligada a buscar otro. Como nota marginal, el contrato señalaba que si alguno de los quintos «asegurados en esta Primera Clase» era declarado «de clase de familias acomodadas o pudientes» —cuyo vestuario costaba entre 3.000 y 6.000 reales—, era la familia quien debía entregar a la caja de vestuario ese dinero, menos los 300 o 500 reales de los que respondía la empresa.
Ofrecía un depósito de segunda clase por 440 reales que sólo respaldaba las diligencias para la admisión del cambio y los 300-500 reales de vestuario; pero si el suplente desertaba, debía ser el liberado quien se encargara de encontrar otro o de ocupar su puesto. En este caso, la empresa perdía lo gastado, devolviendo a la familia dos tercios de lo ajustado con el desertor. La tercera clase sólo costaba 320 reales y la empresa únicamente se comprometía al «cambio de número, reemplazo o sustituto». El quinto corría con todos los gastos, incluido el vestuario.
Para atraer a un mayor número de clientes, establecía un premio de «9 por 1». Esto consistía en que las familias podían entregar, a nombre de cada hijo sorteable, tantas fracciones de 20 reales como gustasen. Si el titular «salía soldado... percibía 9 duros por cada uno que haya depositado bajo este concepto». Eso sí, dejaba muy claro que, aunque fueran varios los hermanos sorteados, «sólo tendrán derecho al premio los que deban ser soldados».
Podía ocurrir que las familias abonasen las cantidades y luego los hijos fueran declarados exentos o inútiles para el servicio militar. Sobre esto, el contrato señalaba que, tanto si era «por corto de talla o por cualquier otra excepción, sólo eran devueltos dos tercios de lo depositado, dejando una parte a beneficio de la empresa por el riesgo corrido. Si la inutilidad se dictaminaba sin necesidad de un Juicio de Excepciones oficial, las familias no tenían derecho a ninguna devolución. Finalmente, tras deliberar, el Cabildo autorizó la actividad de la empresa de Salvador Pérez para que sirviera de «alivio a los jóvenes». El autor concluye con humor: «Desde luego, el de Monóvar no tenía un pelo de tonto».
El sistema de quintas en el siglo XIX:
El servicio militar obligatorio en España (las populares "quintas") era profundamente impopular y desigual. El sistema permitía legalmente dos figuras de exención para las clases pudientes: la redención en metálico (pagar una alta suma de dinero directamente al Estado) y la sustitución (pagar a otra persona pobre, el "sustituto", para que fuera a la guerra en su lugar).
El año de la carta (1831):
El contexto de 1831 en España era de una enorme tensión política al final del reinado de Fernando VII, justo dos años antes de que estallaran las sangrientas Guerras Carlistas (1833-1840). Ir al ejército en esa época significaba una altísima probabilidad de morir en combate o por enfermedades en el frente.
Las "Sociedades de Seguros de Quintas":
Debido al pánico de las familias a que sus hijos varones (muchas veces el sustento económico de la casa) fueran reclutados, florecieron negocios privados de seguros como el de este hacendado de Monóvar. Actuaban como mutuas:
Muchas familias pagaban cuotas preventivas y, si a alguna le tocaba "el número gordo" en el sorteo, la aseguradora usaba el fondo común para comprar un sustituto en los mercados de reclutas.
CREDITOS
PUBLICACION:
Librarse de la mili
EDITOR: Información de Alicante
TEXTOS: Enrique Cutillas Bernal
Fotografías: IA/Información/Archivo Municipal/Sanchez/Soriano/Carratalá/Arjones/E.Bañon. etc.
SECCIÓN:Historias de Aquí
FECHA DE PUBLICACION:30/08/1998 | Copyright ©
EDITOR: Información de Alicante
TEXTOS: Enrique Cutillas Bernal
Fotografías: IA/Información/Archivo Municipal/Sanchez/Soriano/Carratalá/Arjones/E.Bañon. etc.
SECCIÓN:Historias de Aquí
FECHA DE PUBLICACION:30/08/1998 | Copyright ©


























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