Historias de aquí
Resulta difícil fijar el inicio y causas que dieron lugar a la cita anual de Todos los Santos. En la Edad Media el hombre tenía la certeza de que su salvación dependía del comportamiento en esta vida. La meta, cielo o infierno. El purgatorio confirmado en Trento permitía una tercera vía.
La Iglesia valoraba limosnas, misas, fundaciones pías y donaciones, que servirían para hacer más breve la estancia del alma en el purgatorio. Era el inicio del culto a las benditas almas del purgatorio que tanto furor alcanzó en el siglo XVII, y que en opinión de Philippe Ariés, «es el más popular de la iglesia católica».
Pronto proliferaron los retablos y altares dedicados a las ánimas; y para el de San Nicolás, Paulo V concedía en 1605, que toda misa celebrada en dicho altar los lunes del año y en la octava de la conmemoración de los difuntos sacara almas del purgatorio. No debe extrañarnos que procuraran asegurar en vida, un lugar cercano a los altares para su cuerpo, y mandas asignando sufragios, misas y limosnas que acortaran el penar de sus culpas.
El papel de este culto era tan importante que la misma ciudad ordenaba al terminar las obras de la Capilla de la Comunión que se hiciera «algún sufragio por las almas de los contribuyentes difuntos, para compensar en parte el celo con que se han esmerado». El Cabildo iba con doble intención pues el sufragio «redundará al mismo tiempo en beneficio del Patronato, para que en ningún tiempo se pueda dudar de él».
En el último tercio del siglo XVIII, Carlos III prohibía los enterramientos en las iglesias, pero estos continuaron. Con la epidemia de 1804 se erigía el cementerio de San Blas. Siguieron años de guerras y epidemias, y nacía un concepto de religiosidad menos externo, más alejado del clero; esto y el temor al contagio justifica que hasta mediado el siglo no aparezcan visitas al cementerio.
En 1858, llegaban desde Madrid la hija y viuda de Quijano para visitar la tumba del Gobernador y colocar velas el día de Todos los Santos. El ayuntamiento aceptó y puso otras doce en nombre de la ciudad, pero advirtiendo a las visitantes que con la visita no creaban precedente. Es la primera cita que tenemos de visitas por Todos los Santos.
A partir de esta fecha aparecen esporádicas alusiones a responsos en el cementerio de San Blas. En 1868 era expropiado el camposanto, que no fue devuelto a la iglesia hasta 1874. En 1871 se prohibían las visitas por Todos los Santos, «dicho día permanecerá cerrado el cementerio para el público para evitar la fiebre amarilla».
Esto nos indica que en 1871 ya estaba iniciada la costumbre. Si hubo visitas al siguiente año pero en 1873 «se dejaba a juicio de los médicos el permitir las visitas al cementerio el día 1º de noviembre». La costumbre fue echando raíces en el pueblo alicantino y el uno de noviembre se encendían en las tumbas velas y rezaban sufragios.
Pero el culto a las ánimas presenta diferencias de un lugar a otro y esto lo vemos en las pequeñas aldeas que no tenían cementerio y debían enterrar a sus muertos en el pueblo cercano. Era costumbre en Navidad pedir «el aguinaldo» de casa en casa. El producto obtenido, generalmente en especie, se llevaba al pueblo cercano el día de los Inocentes y subastado al mejor postor.
Todo lo recogido se entregaba al cura para decir sufragios y misas a todos los difuntos de la aldea. Otra forma de recoger fondos eran los bailes de Ánimas que se celebraban el 28 de diciembre. Cada «pieza o baile» era subastado a la voz de «a una peseta se baila... a dos pesetas se baila...», y era atribuido al mejor postor.
Este podía elegir a la joven preferida, bailar la pareja sola o invitar hasta tres parejas amigas. Todo lo conseguido en las pujas era para sufragios de las ánimas. Claro que todo cambia y se mercantiliza, y si hasta el final del siglo XIX estaba prohibido llevar al difunto en coche, en 1892 se prohibía «la conducción a mano o en hombros».
Y lo más curioso, ¡Sanidad prohibía al Ayuntamiento enterrar «cadáveres que no vayan encerrados en las cajas que tiene patentadas Manuel González Planelles».¡Comenzaba el negocio con los muertos!.
Aquel lucrativo monopolio de las cajas de muerto patentadas por González Planelles a finales del siglo XIX no hizo sino formalizar administrativamente una transición inevitable: el tránsito de la devoción mística medieval a la burguesa y reglamentada liturgia del recuerdo contemporáneo.
El dolor y la fe, por fin, se regulaban bajo el amparo de las tasas municipales y las normativas sanitarias.A medida que el siglo XX avanzaba, el cementerio de San Blas se quedó pequeño, dando paso al actual cementerio de Nuestra Señora del Remedio. Con el traslado físico de los restos también se mudaron las tradiciones.
Aquellos pintorescos e inocentes «Bailes de Ánimas» y las subastas navideñas de las pedanías rurales se fueron apagando paulatinamente, devorados por el ocio moderno y el paulatino despoblamiento del campo alicantino. El dinero para los sufragios dejó de recaudarse a ritmo de guitarra y jota en el día de los Inocentes.
Sin embargo, el núcleo de la tradición alicantina resistió con fuerza. La cita del primero de noviembre se despojó en gran medida del terror al purgatorio, pero retuvo su carácter de romería urbana y reencuentro familiar.
Hoy, las largas colas de floristas en los aledaños del camposanto, el olor a crisantemos y el titileo nocturno de miles de mariposas y velas de cera siguen demostrando que, a pesar de la llegada de modas importadas y de la total mercantilización del descanso eterno, Alicante se resiste a dejar en el olvido a sus benditas ánimas.
CREDITOS
PUBLICACION:
El día de las ánimas
EDITOR: Información de Alicante
TEXTOS:Enrique Cutillas Bernal
Fotografías: IA/Información/Archivo Municipal/Sanchez/Soriano/Carratalá/Arjones/E.Bañon. etc.
SECCIÓN:Historias de Aquí
FECHA DE PUBLICACION:01/11/1998 | Copyright ©
EDITOR: Información de Alicante
TEXTOS:Enrique Cutillas Bernal
Fotografías: IA/Información/Archivo Municipal/Sanchez/Soriano/Carratalá/Arjones/E.Bañon. etc.
SECCIÓN:Historias de Aquí
FECHA DE PUBLICACION:01/11/1998 | Copyright ©


























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