El Chalé de Dionisio Mancha Romero

El edificio, que inicialmente iba a salvaguardar a Alicante de la peste bubónica y luego de la "plaga" de la mendicidad forastera, quedó sumido en un rápido abandono arquitectónico e institucional. Ante los elevados costes de mantenimiento y las insalvables discrepancias políticas sobre si debía o no ser gestionado por órdenes religiosas, las voces que pedían su privatización ganaron peso.

REDACTOR: D. Enrique Cutillas Bernal ©

El alicantino Dionisio Mancha Romero nació en 1830. Fue general de brigada y gobernador militar de Alicante. Vidal Tur dice que murió en Valencia el 28 de enero de 1900, pero falleció por lo menos tres años antes. En 1923 el Ayuntamiento alicantino le puso su nombre a una plaza del barrio de San Blas.
En marzo de 1882, el general Mancha hipotecó por 20.000 pesetas con el Banco Hipotecario una finca que había comprado a la sociedad Deutsch e Hijos, segregada de la conocida como La Británica. Tenía 14.412 m², tres aljibes, un almacén de carbón y dos casas, una de ellas un chalé con cochera y dos plantas, que lindaba al sur con la carretera que corría paralela al mar, al norte con los montes de San Julián y Molinet, al oeste con el resto de la finca La Británica, y al este con tierras cultivadas por Agustín Sabater.

El 12 de enero de 1897, fallecido ya el general, el juez de primera instancia de la Audiencia de Madrid adjudicó la finca, ya conocida popularmente como Chalet de Mancha, al Banco Hipotecario, por impago por parte de los herederos del general (viuda y cuatro hijos) de la hipoteca, que ascendía a 26.738'98 pesetas, intereses incluidos.
En septiembre de 1899, el Ayuntamiento decidió adquirir el Chalet de Mancha para dedicarlo primero a lazareto y después a asilo de mendigos. Ante el constante riesgo de llegada de epidemias, el Gobierno había ordenado a los ayuntamientos españoles que tuvieran siempre preparado un local que sirviera de lazareto. La compra se escrituró el 29 de diciembre y costó 12.000 pesetas.

El 8 de agosto de 1900 el alcalde anunció mediante un bando la apertura del asilo San Ildefonso para mendigos.
El primer día de julio de 1902 el Ayuntamiento suprimió el asilo por razones económicas. El arquitecto José Guardiola Picó tasó la finca en 39.225 pesetas.
El Ayuntamiento decidió el 2 de diciembre de 1910 ceder el Chalet de Mancha al Ministerio de Guerra, como casa de salud para soldados convalecientes. El 22 de marzo del año siguiente, el ministro de Guerra avisó que debía aplazar la aceptación del chalé, hasta que hubiera presupuesto para su habilitación. Seis meses después, el capitán general de Valencia pidió la entrega del chalé, pero entonces fue el Ayuntamiento el que comunicó que no podía cederlo porque estaba utilizándose como lazareto.

El Ayuntamiento aprobó el 6 de agosto de 1921 convertir el Chalé de Mancha en un hospital de sangre para soldados heridos en la guerra de Marruecos.
A pesar de que el gobernador civil recordó al alcalde que el Chalet de Mancha era el lugar elegido para acoger casos epidémicos, el Ayuntamiento aprobó los gastos de habilitación del local y autorizó la compra de instrumental quirúrgico a la Casa Hartmann, de Barcelona.
El ministro de Guerra advirtió el 16 de septiembre que no se enviarían soldados heridos a Alicante, pero el alcalde prosiguió con sus gestiones, consiguiendo del obispo que se pudiera oficiar misa en la capilla del chalé y del director de la Compañía de Ferrocarril de la Marina que se organizase el futuro traslado de los soldados heridos en tren desde el puerto, aprovechando que las vías férreas pasaban cerca del chalé.

El 5 de octubre el alcalde remitió al Ministerio de Guerra un telegrama ofreciendo el hospital de sangre y cinco días después se inauguró éste, dotado con 35 camas.
El gobernador militar de Alicante solicitó la cesión del Chalet Mancha para acoger a soldados de la guarnición alicantina afectados por la epidemia gripal. El alcalde negó la cesión del local, arguyendo que había sido habilitado como hospital de sangre con el deseo de «que en él ingresaran y fuesen asistidos, exclusivamente, soldados heridos del Batallón de Infantería de la Princesa que lucha en Marruecos y, con preferencia, alicantinos».
El 26 de octubre, enterado de que habían sido heridos cerca de Melilla numerosos soldados pertenecientes al batallón Princesa, el alcalde reiteró su ofrecimiento al ministro de Guerra de acoger a 35 de ellos, pero éste le respondió que no podía acceder debido a «dificultades insuperables de organización y de reglamentos».

Cuatro meses después, el Chalet de Mancha seguía preparado para ser utilizado como hospital de sangre (quirófano, 7 dormitorios, dos comedores, cocina, lavaderos, etcétera), pero sin funcionar.
En diciembre de 1923 el Ayuntamiento autorizó a los médicos de la Casa de Socorro para que utilizaran el instrumental médico que había sin estrenar en el hospital de sangre.
En octubre de 1923 la Junta de Protección de la Infancia pidió la cesión del Chalet Mancha para aprovecharlo como reformatorio, pero el Ayuntamiento no accedió porque estaba destinado a observatorio de primeros casos epidémicos.

Sin embargo, en mayo de 1929, el Ayuntamiento aceptó la misma oferta. El 27 de enero siguiente fue entregado el local al Tribunal Tutelar de Menores. El director de la Estación Sanitaria del Puerto le reprochó al alcalde que dejara a la ciudad sin ningún local para acoger, si fuera preciso, los primeros casos de una epidemia. Éste le respondió que el Tribunal de Menores se había comprometido a devolver el chalé inmediatamente si se presentara tal necesidad, pero casi dos años después, cuando se avisó del riesgo de contagio de una epidemia procedente de Barcelona, el Tribunal de Menores tardó catorce meses en devolver el Chalet de Mancha, entregando las llaves días después de que se inaugurara el nuevo reformatorio en la calle Foglietti.

En noviembre de 1935 el Chalet de Mancha fue adaptado como refugio nocturno para mendigos y en abril de 1937 el Ayuntamiento permitió que fuese ocupado por personal del Servicio Automóvil de la Dirección de Transportes.
Pero en agosto de 1940 el chalé acusaba un largo abandono. El arquitecto municipal describió su estado semiruinoso y calculó los gastos de una posible reconstrucción en 48.000 pesetas.
Luis Campderá quiso adquirir el Chalet de Mancha en marzo de 1946, para construir una filial de su fábrica barcelonesa de relojes, pero el Ayuntamiento denegó la venta porque debía hacerse mediante subasta.

Cuatro años y medio más tarde, Campderá pidió se realizara la subasta, ya que deseaba comprar el chalé «para fines particulares».
El arquitecto municipal informó de que «si bien en la actualidad no existen ya los edificios, aljibes, depósitos, etc.», los terrenos eran muy valiosos, por lo que propuso un precio inicial en la subasta de 80.000 pesetas.
El Ayuntamiento aprobó anunciar la subasta el 14 de octubre de 1950, pero catorce meses después el alcalde decretó su paralización, debido a la posible permuta con la Guardia Civil de los terrenos del chalé.

El expediente quedó paralizado durante cuatro años. Mientras tanto, siguieron llegando al Ayuntamiento propuestas de compra de particulares, como la de Manuel Climent Domingo, que el 12 de enero de 1953 solicitó comprar parte de la finca para la construcción de chalés; o la de Vicente Cano, que pretendía hacer lo mismo en agosto de 1954. En enero de este último año Luis Campderá se lamentaba por escrito a su amigo Francisco Alberola de que «el "Chalet de Mancha" sigue siendo un vertedero indigno de la bella ciudad alicantina (?), de haber prosperado mi propósito, hoy seguramente se erigiría en el lugar de referencia una magnífica fábrica con inversión inicial de varios millones de pesetas».

En noviembre de 1954 el Ayuntamiento propuso a la Guardia Civil la permuta de 1.600 m² de la finca conocida aún como Chalet de Mancha por la casa-cuartel de 94'70 m² que había en la calle Jovellanos.
El comandante de la Guardia Civil alicantina tardó más de cinco años (febrero 1960) en aceptar la oferta, pero al cabo de unos meses hubo nuevo cambio de planes y no llegó a realizarse dicha permuta.
En 1962 se presentó en el Ayuntamiento una solicitud de concesión de la finca La Británica, para la fundación de una escuela de equitación, pero sin duda la petición debía referirse a los terrenos del antiguo Chalet de Mancha, ya que por entonces la finca La Británica todavía estaba ocupada por CAMPSA, que la había expropiado en octubre de 1929 para usarla como factoría y almacén, construyendo depósitos subterráneos hasta 1956.

En 1966, CAMPSA desmanteló sus instalaciones en la finca La Británica, tras inaugurarse los nuevos depósitos situados en el muelle de Poniente, y en 1979 entregó los terrenos al Patrimonio del Estado.
Aunque los depósitos y galerías subterráneas que construyera CAMPSA hoy siguen casi intactos, en la superficie son muy pocos los vestigios que quedan de la antigua refinería La Británica y su aledaño Chalé de Mancha.

CREDITOS
PUBLICACION: El Chalé de Mancha
EDITOR: Información de Alicante
TEXTOS:D. Gerardo Muñoz
Fotografías: IA/Información/Archivo Municipal/Sanchez/Soriano/Carratalá/Arjones/E.Bañon. etc.
SECCIÓN:Momentos de Alicante
FECHA DE PUBLICACION:27 JUL 2015 1:36 | Copyright ©