Historias de aquí

En estos días en que olivos y vides se ven amenazados por los intereses de la Unión Europea, queremos recordar aquellos ricos caldos nacidos de las cepas provinciales y que aún podemos beber gracias a personas que gustan mantener la tradición. Sobre la importancia del vino en Alicante, baste señalar privilegios como el de Inhibición del Vino.

REDACTOR: D. Enrique Cutillas Bernal ©

En la segunda década del XIX quedaba abolido este privilegio, pero el vino siguió presente mediante Exposiciones Agrícolas e Industriales, como la organizada en 1860 por la Sociedad de Amigos del País, o a través de cosecheros cuidadosos de sus caldos. El pinosero Bautista Plá Toda, en 1896 era autorizado a «usar el sello de la ciudad de Alicante en las etiquetas de sus botellas». Las viñas de Monóvar, Pinoso, Villena y otros pueblos continuaban produciendo vino, pero las viñas de Monastrell de la Condomina comenzaban a decaer.

En 1898 el concejal «representante del pueblo» Antonio Martínez Torrejón, denunciaba la decadencia del vino y proponía una medida capaz de salvar la economía alicantina. El concejal declaraba que estas tierras siempre habían surtido «el mercado extranjero y aún nacional de los mejores vinos, muy acreditados sobre todo como base, por su fuerza alcohólica para la elaboración de otras variedades y escogidas clases».
Miraba atrás y recordaba «el gran número de comerciantes extranjeros que se trasladaban a nuestro suelo para explotar dicho negocio, dando lugar con ello... a que ingresaran en Alicante y su provincia gruesas sumas que llegaron a convertirla en verdaderamente rica y poderosa».

Según Martínez Torrejón, la culpa de la decadencia de nuestros vinos venía de los franceses porque, las leyes dictadas en la vecina república vinieron a mermar en gran manera tan productiva fuente de riqueza, y hoy nuevas disposiciones amagaban con otro golpe a destruirla por completo, convirtiendo nuestra antes floreciente provincia en pobre y desvalida.
El concejal proponía drásticas decisiones para acabar con la penuria y aconsejaba como única salida el cambio de cultivo, sustituyendo lo que siempre fue «venero de inmensa fortuna y que desde hace tiempo de tal forma ha decaído, por otro cultivo que permitiera «convertir a Alicante y su provincia en centro de prosperidad y abundancia.

Como por desgracia para España la injusta guerra había dejado Cuba en manos detentadoras de las más bajas y miserables ambiciones y los hechos más innobles y repugnantes», Dios había sido justo compensando a la península con las tierras alicantinas en recuerdo perenne de aquellos territorios... «envidia del mundo entero por la gran riqueza que encerraba».
Torrejón aseguraba que los productos cubanos «críanse aquí con la misma lozanía y robustez, y el tabaco se ha visto que adquiría tan poderoso desarrollo como podía alcanzarlo en la que fue nuestra perla antillana.

Aseguraba que en Alicante estaba aclimatado este cultivo por la bondad de su clima y las plantaciones daban gran resultado, encontrando el único problema en que dicho cultivo era producto «estancado, y esto condenaba de antemano a todos aquellos que se atrevieran a cultivarlo.
Si conseguían evitar este escollo, nada impediría que las gentes de estas tierras se enriquecieran con este cultivo. Así y todo, era tan grande el rendimiento que sacaban los agricultores de estas plantaciones ilegales, que la gente se exponía hasta el punto de «que sólo de nuestra provincia, en este Juzgado que es el competente para entender en esta clase de procesos, existen en la actualidad muy cerca (si no pasan) de cuatro mil causas en tramitación».

Si esto estaba demostrado, consiguiendo que fuera legal, muchos serían los campos que «ostentarían hermosas matas de tan rico vegetal».
El concejal representante del pueblo pedía al Ayuntamiento que se unificaran criterios entre todos los ayuntamientos de la región alicantina, Diputación, y demás centros oficiales, para que todos unidos pidan al gobierno de Su Majestad que «permita en la región alicantina y en toda su provincia el libre cultivo del tabaco». La moción fue aceptada unánimemente; enviaron misivas a los pueblos, pero las cepas de la Condomina quedaron sentenciadas. Una confesión, amable lector; al que suscribe le gusta el buen tabaco y el buen vino, pero si tuviera que elegir, lo haría por un buen tinto y un «manzanilla» de Sanlúcar de Barrameda, aunque el tabaco fuese regular.

CREDITOS
PUBLICACION: Aquel vino de la terreta
EDITOR: Información de Alicante
TEXTOS:Enrique Cutillas Bernal
Fotografías: IA/Información/Archivo Municipal/Sanchez/Soriano/Carratalá/Arjones/E.Bañon. etc.
SECCIÓN:Historias de Aquí
FECHA DE PUBLICACION:27/11/1998 | Copyright ©