Un año más hemos vivido la tradicional fecha de Todos los Santos y el cementerio de La Florida ha recibido la visita de miles de familiares de los allí enterrados que han recibido su ofrenda de flores.
En mi niñez y juventud el camino al cementerio que se hacía a pie era más corto pues rendíamos viaje a la necrópolis de San Blas. Ese día, el camino que a él conducía -hoy avenida Soto Ameno- se poblaba de multitud de tenderetes que ofertaban desde la coca en molletes, la limonada y gaseosa y la «herbeta» además de los clásicos crisantemos y otras flores para llevar a donde reposaban nuestros seres queridos.

Las familias rivalizaban en presentar el mejor engalanado panteón o nicho para epatar a los vecinos. Y era de ver cómo desde tempranas horas comenzaba la limpieza y acicalamiento de los nichos para llegado el mediodía descansar y pegar un bocado valiéndonos de los bocadillos, pastas y frutas que se expedían en los tenderetes del camino.
Era la hora en que comenzaban las visitas de los deudos a sus familiares y nos placía escuchar los comentarios de aprobación que hacían éstos al visitar nuestros panteones familiares.
En casa y con la debida antelación comenzaban los preparativos para adornar el panteón donde reposaba mi abuela.

Mi madre se preocupaba de confeccionar con lana crisantemos y margaritas que esparcía por la lápida de la tumba o bien las ponían en macetas y ánforas que yo me encargaba de pintar con esmalte negro manchando con lamparones de lacre rojo que luego bordeaba con un filete de purpurina dorada.
Yo comprobaba en el cementerio la curiosidad y expectación que ello producía por lo que me sentía muy satisfecho. En cuanto a las visitas que efectuábamos al cementerio de San Blas destacaba la obligada a la tumba mausoleo en donde estaba enterrado el que fuera gran novillero alicantino Ángel Caldrán Carratalá, en donde podía verse junto a un gran féretro, una gran manola ataviada con su correspondiente teja y mantilla que arrodillada junto al féretro tendía los brazos al torero muerto que aparecía vestido con el traje de luces, cuyos alamares estaban delicadamente esculpidos sobre la dura piedra.

También se visitaba el cuadro en donde estaba enterrado el arcón de madera con herrajes metálicos y que contenía los restos de los históricos Mártires de la Libertad.
Al atardecer volvíamos a casa y nos acostábamos pronto porque al siguiente día —-día de las ánimas- mi madre me obligaba a levantarme pronto porque, según aseguraba ella, tenía que dejar la cama libre para que descansaran las almas y así lo hacía y me partía el sueño «en lo milloret del ou»

¡Eran otros tiempos!

CREDITOS
PUBLICACION:Todos los Santos, Ayer
EDITOR: Información de Alicante
TEXTOS:Raul Alvarez Anton
Fotografías: Información/Archivo Municipal de Alicante/Sanchez/Soriano/Arjones/E.Bañon. etc.
SECCIÓN:Recordar
FECHA DE PUBLICACION:02/11/1997 | Copyright ©