Se nos fue en silencio, al alborear el último otoño del siglo, pero dejando tras si su testimonio elocuente de lo mucho que en el término festero hizo para el bien de Alicante.
Nunca decía los años de su carnet de identidad, y muy coquetonamente se limitaba a decirnos a quienes osábamos preguntarle por los años que tenía:
«Yo voy con el siglo». Y en efecto, con el siglo también se nos fue.

No sé si alguien recordará a don Tomás Valcárcel fuera de su ámbito festero-sanjuanero, pero a mí sí que me cupo la suerte de tratarle en lo que pudiéramos llamar «sus pinitos lúdico-alicantinos». Me place recordar aquella su primera fase artística a la que estuvo ligado, y que cariñosamente se le denominaba «las huestes de Valcárcel».

Éramos huestes pacíficas, simpatizantes con el arte de Talía y que bajo la batuta y dirección de don Tomás nos reuníamos en las bambalinas del Teatro Principal y en otros muchos lugares del teatro alicantino para representar obras teatrales con fines benéficos exclusivamente, y que lo hacíamos robando tiempo a nuestro ocio de juventud.

Y así rindieron pleitesía a la amistad que imperaba entre aquella juventud de bien acomodadas y distinguidas familias alicantinas, que el propio don Tomás seleccionaba y les invitaba a tomar parte de sus huestes artísticas.
Y todos decíamos sí sin excepción, y así durante varios años encabezamos una manifestación artístico teatral que se distinguió por su originalidad en la puesta de escena de los guiones elegidos, destacando especialmente uno que repetíamos año tras año tras el éxito obtenido en cada representación, que garantizaba la buena taquilla y por ende los fines benéficos que con sus funciones se perseguía.

Me estoy refiriendo a «Evocaciones de Navidad» en las que la gracia, la creatividad y el genio artístico de Tomás Valcárcel se ponían de manifiesto año tras año sobre el escenario, escenificando acuarelas bíblicas bien conjugadas con los villancicos, que era lo propio de las fechas del Nacimiento del Señor en que obligatoriamente la representábamos.

Y así unidos y formando parte de esas distinguidas «Huestes de Valcárcel» figuraban, como digo, los jóvenes de las prestigiosas familias de entonces, entre los que se contaban apellidos destacados como los de Reig, Torres, Iborra, Paniagua, Sabater, Abad, Huesca y otros muchos de preclaras familias que harían interminable esta hasta, dado el corto espacio de que disponemos, pero que sentaron sus raíces artísticas en este hombre que se nos ha ido, y que en el curso de los años se incrustaría en la dirección de nuestras queridísimas fiestas de les Fogueres de Sant Joan, y que tanto esplendor supo dar a ellas sin que nadie haya podido superarle hasta la fecha.

Quede, pues, mi sencillo recuerdo a aquel núcleo inicial de «Las huestes de Valcárcel», a las que yo pertenecí por mi condición de locutor de Radio Alicante. Corría a mi cargo, por esta razón, el actuar como narrador y presentador de aquellas exquisitas «Evocaciones de Navidad», por personal designación del genio de don Tomás, que siempre vio en mí un colaborador ideal para sus fines artísticos, tanto en aquella época como luego en el curso de las fiestas de les Fogueres.

Don Tomás, en este obligado «adiós espiritual», quede constancia del mío, en nombre propio y en el de todos aquellos que conformamos aquella entusiasta masa artística que tuvimos el honor de ser dirigidos por su creadora batuta artística.

Descanse en paz, gran amigo de todos.

CREDITOS
PUBLICACION:Las huestes de Valcárcel
EDITOR: Información de Alicante
TEXTOS:Raul Alvarez Anton
Fotografías: Información/Archivo Municipal de Alicante/Sanchez/Soriano/Arjones/E.Bañon. etc.
SECCIÓN:Recordar
FECHA DE PUBLICACION:19/09/1999 | Copyright ©