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EnriqueCutillasBernal
“Hace unos meses se celebraba un congreso sobre las fiestas de Moros y Cristianos y su posible nexo religioso y devocional. Sobre estas representaciones festeras hay plumas especializadas que sería prolijo enumerar. Sírvanos de ejemplo el profesor Adrián Espí, o el trabajo de licenciatura de Miguel Ángel González.”...

Estamos de acuerdo con Miguel Ángel González cuando afirma que en su inicio las celebraciones de Moros y Cristianos fueron fiestas políticas que se celebraban como agasajo a personas relevantes en ceremonias o bodas, como rememoración de antiguos acontecimientos más o menos localistas.

Alegar que la reconquista cristiana fue una lucha religiosa es algo que hoy queda descartado. La invasión musulmana no fue un cruento batallar entre pueblos de distintas creencias sino el resultado del juego político de débiles reyezuelos godos pactando con fuerzas árabes asentadas en el norte de África. El dominio musulmán quedó materializado en pocos años al no encontrar resistencia, y los cristianos pudieron seguir con sus costumbres y religión tras el pago de tributos. Es cierto que muchos cristianos abrazaron la fe de Mahoma, pero no fue como producto de una intransigencia sino de la política fiscal aplicada por los árabes, que eximía de determinados impuestos a sus correligionarios.

Ni siquiera el mito jacobeo que enfrentaba la figura de Santiago a la de Mahoma conseguiría convertir la reconquista en una lucha religiosa. Habría que esperar muchos años, hasta la llegada de los almorávides, para que se impusiera el fanatismo religioso en ambos bandos. Salvo en esta etapa, la coexistencia pacífica de las tres religiones estuvo presente; las conquistas y batallas dirimían el poder y con el cobro de «parias» las diferentes ideas quedaban a salvo.

En Alicante sólo tenemos constancia de dos fiestas de Moros y Cristianos en conmemoración de algún tema religioso pues en 1691 por las canonizaciones de San Pascual y San Juan de Dios (no se llegaron a celebrar por el bombardeo francés), y en 1700 por el primer centenario de la Colegial. Así y todo no eran fiestas devocionales sino determinadas por el Consell. El estudioso de la religiosidad popular tiene muy claro que dentro de las fiestas locales, incluso en las celebradas por las Cofradías, pervivieron formas de las grandes fiestas medievales, pese a la normativa de Trento que las impregnaba de su capa religiosa.

Se puede alegar que las representaciones de Moros y Cristianos nacidas en este siglo y sobre todo en las aparecidas en los últimos treinta años están bajo la advocación de un santo local. Se hacen ofrendas de flores, misas e incluso colectas; pero esto sólo sirve de pretexto, de justificación de la fiesta. Si por estar bajo el patrocinio de un santo, dedicarle flores u otros actos, consideramos religiosidad en los Moros y Cristianos también tendríamos que hacerlo con las Hogueras o las corridas de toros organizadas por los frailes de San Juan de Dios, el cura de la ermita de Santa Ana, o las monjas de la Santa Faz, para obtener beneficios para sus respectivos cultos.

Una fiesta no puede calificarse de religiosa por el hecho de dedicarse a una advocación. Toda religiosidad nace propiciada por unos prodigios y de estos emana una devoción. Luego vendrán las representaciones festivas en sus diferentes formas. Pongamos un caso paradigmático de religiosidad en la fiesta de Moros y Cristianos, el caso de Zújar (Granada). Allí las fiestas nacen de la lucha de dos bandos, no por conseguir un castillo o rechazar desembarcos berberiscos, sino por conquistar una imagen de la Virgen depositada en manos del «tercio moro» al que se la arrebatará el «tercio cristiano», ante la mirada del tercio de diablos. La lucha no es por cosas terrenales, sino un conflicto entre el bien y el mal, y esto es lo que da a la fiesta su dimensión mítica.

En las representaciones zujareñas aparece claro el predominio del factor religioso en el núcleo de los festejos. No es difícil observar en este acto la rememoración de un hecho histórico y es el cautiverio y rescate de la Virgen en 1611, fecha en que se inician las representaciones. Aquí las fiestas nacen de la religiosidad popular hacia María, de una devoción que con el tiempo se convierte en foco de atracción de todos los zujareños, sean o no participantes de los tercios, siendo el sábado el día grande de la fiesta, pese a que los actos son exclusivamente religiosos. Encontramos diferente intencionalidad entre las fiestas de Moros levantinas y las de Zújar ya que aquí nace la fiesta y se coloca bajo la devoción de un santo. Allí existe primero la devoción popular y de ella nace la fiesta. La religiosidad es la causa y la fiesta su consecuencia.

CREDITOS
TITULO PUBLICACION: Religiosidad en Moros y Cristianos.
EDITOR: Información
REDACTOR-TEXTOS:  Enrique Cutillas Bernal
PORTADA: Composición realizada por IA.
FUENTE DE LA PUBLICACION: www.informacion.com
CREADO|MODIFICADO: Domingo, 12 de octubre, 1997 | ©

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