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Redactor
“D. José Guardiola Picó dijo: “Soy de la opinión que debería desaparecer la aridez de la falda del Benacantil, para lo cual la plantación de arbolado que, resistiendo la sequía, serviría para detener las piedras arrastradas por las aguas (…), y cambiarían el aspecto del monte en tros de verdor y frescura.”

Cuando en 1990 realicé un trabajo de campo sobre el barrio del Pla del Bon Repós, llamó mi atención la insistencia de dos demandas sociales que alcanzaban casi la unanimidad del vecindario; un 97% de los encuestados pedían que el Hospital Provincial fuese dedicado a museo y biblioteca. Otro tanto por ciento similar quería el adecentamiento de la ladera del Benacantil, su repoblación y ajardinamiento con paseos que convirtieran el abandonado monte en un magnífico parque. Ambos proyectos parece que están en marcha. Bienvenidos sean.

Pero que sus promotores no olviden que tan importante como la creación es su promoción y mantenimiento. Un parque en el BenacantilDesde antiguo, la masa forestal de Alicante ha sido escasa y expoliada. Se esquilmaban los atochales y las pinadas de la Albufereta, Cañada y Aguas, hasta el punto que, en 1824, el comandante de Marina de la provincia y conservador de los montes y plantíos de ella creaba, en nombre de Su Majestad, un servicio de celador y guardia de montes con el cometido de «fomentar los arbolados y evitar en ellos talas, cortes, descortezos, rozas de atochas, quemas e incendios».

Estos guardas forestales dependían directamente del comandante de Marina, ante quien debían presentar a los infractores, concediendo libertad a los vigilantes para «extralimitarse en seguimientos y apresamiento de reos... y usar armas de fuego y blancas para su defensa», ordenando al Ayuntamiento que les guardase «las honras y privilegios, exenciones, prerrogativas y franquicias que su majestad tiene declarado». Curiosamente, en los mismos terrenos en que ahora quiere el Ayuntamiento crear el parque, en la ladera recayente al casco antiguo desde la Puerta de la Reina hasta los Pozos de Garrigós, proponía en el invierno de 1863 el alcalde don Tomás España «el ensayo de plantar monte bajo en la falda del castillo de Santa Bárbara, para mejorar las condiciones higiénicas de la población y evitar la refracción del sol» sobre las peladas rocas del castillo.

Este primer intento repoblador se realizó en febrero plantando en la zona más al sur «cuatro mil Plantones a 120 reales el millar». Los plantones fueron adquiridos a Antonia Trías y transportados hasta el castillo por Román Juan, cobrando 40 reales. La plantación de la nopalera fue realizada por Juan Escalambre, cobrando 140 reales. La idea no era mala, pues la chumbera plantada en hileras escalonaba el terreno en forma de terrazas y evitaba los arrastres y la erosión. Para mayor similitud con la actualidad, también intervenían el agua y los aljibes. Desde octubre de 1862, el maestro de obras Antonio Garrigós construía en la falda del castillo varios aljibes «con objeto de recoger las aguas pluviales que descienden del monte, precipitándose sobre la población y barrio del Arrabal Roig, con inminente peligro del vecindario».

Garrigós presentaba en septiembre el «plano y proyecto», que fue aprobado en Cabildo por la «inmensa utilidad pública» que representaba, y en mayo de 1863 los Pozos de Garrigós estaban terminados, y se ofrecía al Cabildo para «conservar la plantación de nopales hecha por el Ayuntamiento en la falda del castillo de Santa Bárbara». El maestro de obras ofrecía cuidar la nopalera y «recoger en sus aljibes todas las aguas pluviales que se desprendan de la montaña», separando en sus depósitos los arrastres y dejando correr por la antigua mina las aguas puras y limpias, «secando los escombros que se reúnan en estos receptáculos».

Se ofrecía a «cuidar y reponer el plantío que se ha hecho en la mencionada montaña de Santa Bárbara», corriendo de su cuenta los gastos de reposición y limpieza, mientras que el Ayuntamiento abonaría «cinco reales diarios para atender el salario de los guardas... del plantío y de los trabajadores indispensables para impedir la inundación y enronamiento de la mina». Como compensación a todos estos servicios, Garrigós pedía para sí «cinco reales diarios y todos los frutos que puedan recogerse de las plantaciones allí hechas».

El Ayuntamiento encontró aceptable la oferta, aceptó y creó una plaza de guardia que quedaba bajo las órdenes de Garrigós. No era un mal negocio; cuatro mil chumberas en plena producción aseguraban una buena cosecha de higos chumbos para el mercado. Claro que cien años atrás hubiera sido una ruina, cuando en 1768 fue prohibido el consumo de esta fruta porque, a juicio de los médicos, contenía una sustancia «mucilaginosa, viciosa... que ocasionaba la total constipación del vientre». Ahora ya no se despreciaba tan rico fruto, eran otros tiempos.

CREDITOS
TITULO: Un parque en el Benacantil.
EDITOR: Información de Alicante
REDACTOR/TEXTOS: Enrique Cutillas Bernal
Fotografías: Procedente de la Web - GEMINI ®
ORIGEN:https://informacion.com/
FECHA: Domingo, 30 de noviembre de 1997 | Historias de aquí ©
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