
Hace unos días leíamos en este diario el desaguisado cometido con la torre Rizo. Una vez más los bienes históricos alicantinos quedan supeditados a inconfesados intereses particulares, y previsiblemente, los causantes —propietarios, Ayuntamiento o Hansa— saldrán libres de culpa. Como epitafio a la desaparecida torre Rizo, hoy dedicaremos este espacio a los sacrificados vigilantes que en el siglo XVI guardaban las torres de San Juan y de Alicante.
En la zona de San Juan se levantaba la torre «del riu de Aygues», donde vigilaban tres soldados reales y un guarda pagado por Alicante que debía recorrer hasta la cala del Peresot, a media legua de la torre; allí esperaba a otro guarda que salía de la torre del Charco. Ambos intercambiaban santo y seña y volvían a los puestos de salida.
La torre de Casteller Tinyos tenía dos guardas pagados por Alicante. Entraban de servicio a las 20 horas en verano y a las 19 en invierno. No abandonaban la torre hasta la mañana «quant la mar se puga distinguir clarament», y entonces hacían la descubierta hasta la cala de Rusafa... «y tornaren a sou puesto».
A San Juan pertenecía «la cova del Llop Marí», donde dos guardias pagados por Alicante entraban de servicio «de nit, ab la obligacio de estar en descubierta... fins que haia fet lo Castellet Tinyos la senyal de seguritat». En la torre de la Illeta había soldados, pero no «tenien atalladors ni descuberts».
El Garrofer disponía de dos soldados a caballo que debían salir de San Juan. Uno salía al amanecer, dirigiéndose por el camino real hasta «reconocer la punta del riu... la costa de la mar, fins lo Illet», regresando al Garrofer.
En la Sofra también vigilaban dos soldados de San Juan:
Uno salía «a las primeras oracions y aplegant al clot de Perals prendra a ma dreta, cami real que aplega a la mar. Y a de entrar per lo pohuet de Lledó, y de allí, per la vora de la mar, de ves llevant, ha de aplegar a regonoxer fins la punta del riu, de ahon sen ha de tornar a sou puesto dit de la Sofra, en lo qual, hiha una barraca, y allí esperará al soldat de la matinada».
Este segundo debía salir de San Juan a medianoche, realizar el mismo recorrido hasta llegar a la Sofra, «ahon se estará fins que clarament puixa reconoiser la mar». Ambos soldados también eran pagados por Alicante.
El puesto de la Roqueta disponía de dos soldados con caballo y eran retribuidos por la ciudad. Salían de San Juan; uno a primera hora iba al clot de Perals y, tomando la derecha, llegaba por el mar al clot de Lledó, siguiendo el reconocimiento «fins les cales del Racó de la Roqueta, ralla del distrit de... Alacant»; de allí volvía al puesto de la Roqueta hasta que llegase el relevo a medianoche tras recorrer el mismo camino. Antes de regresar a San Juan, estos guardias debían pasar por la torre de la Alcodra, «districte de Alacant, per darlos lo segurs» a los que allí vigilaban.
La torre de la Alcodra contaba con cuatro soldados a caballo costeados por Alicante y salían por parejas: la primera iniciaba el servicio «a las nou hores» y la segunda a medianoche. Vigilaban hacia levante hasta el puesto de la cala «per la Albufereta... y tot aquell paratje fins aplegar a la torre del Cap de la Alcodra, y parlar ab les guardes de aquella, y tornaren a la Ciutat». En caso de encontrar «rebato o naves de moros», uno se dirigiría a avisar a la ciudad y el otro a las gentes de la huerta.
La costa de poniente quedaba a cargo de tres soldados a caballo que «viurán en los Horts prop de la Ciutat»:
El primero de ellos salía de descubierta a las nueve horas, pasaba por el trajo «ahon están les barques dels peixcadors» (donde vigilaban dos guardias), luego llegaba hasta los otros dos guardias «que estan en los Banyets y de elli passar a la torre de Aygues Amarga, pujan per la senda de dita torre y pasar fins al Saladar, fins un puesto dit lo Pastell».
El segundo salía a medianoche, hacía el mismo recorrido y, aunque no lo solía cumplir, tenía la obligación «de aplegar fins al Molló ahon partixen lo terme Alacant y Elig, com se feya antiguament».
El tercer hombre salía de buena mañana «fins la cala de la Albarda que está mes enlla de la torre de Aygues Amarga».
Como podemos comprobar, el Consell de la ciudad gastaba fuertes sumas en defensa, y más si pensamos en las torres particulares. Como señala la copropietaria de una de ellas, «ha pertenecido a nuestros antepasados desde hace muchísimos años», pero desconoce que todas esas torres «privadas» se levantaron bajo exención del impuesto de la Carne y otras gabelas que beneficiaban a los propietarios.
El derribo de la torre exige unos responsables. Si no, servirá de ejemplo para otras que molestan a la especulación.
CREDITOS
PUBLICACION:
Defensas costeras
EDITOR: Enrique Cutillas Bernal
TEXTOS: Supervisados por parte de la IA.
Fotografías: IA/Información/Archivo Municipal/Sanchez/Soriano/Carratalá/Arjones/E.Bañon. etc.
FUENTE:INFORMACION DE ALICANTE
FECHA DE PUBLICACION:Domingo, 4 de enero de 1998 | Copyright ©
EDITOR: Enrique Cutillas Bernal
TEXTOS: Supervisados por parte de la IA.
Fotografías: IA/Información/Archivo Municipal/Sanchez/Soriano/Carratalá/Arjones/E.Bañon. etc.
FUENTE:INFORMACION DE ALICANTE
FECHA DE PUBLICACION:Domingo, 4 de enero de 1998 | Copyright ©

























0 Comentarios