Ahora que aisladamente ciertos spots publicitarios nos alertan de que estamos conmemorando el año de la Nestlé me creo en la obligación de adherirme a esa conmemoración escribiendo este comentario dedicado a aquel personajillo popularísimo desde los muchos que tiene la variada nominilla de la historia alicantina y que fuera Pepito el Gordo.
Fue Pepito un simpático niño que con sus 18 años y 72 kilos causaba la simpática expectación por donde pasaba y además, como gozaba de un carácter simpático hacía amigos y tenía general aceptación.
Vivía en un entresuelo de la calle de San Vicente, de balconcillo bajo, con su madre.
Sara la Cojíta, solía vérsele a la salida de los colegios de la ciudad, especialmente del sector Campoamor y centro preguntando a unos y a otros de los colegiales:
«¿Quieres estampitas Nestlé?», o bien aquello de «¿tienes repes?», con lo que los colegiales echaban mano a sus bolsillos buscando y rebuscando los simpáticos cromos con los que cubríamos las páginas de aquellos siempre recordados álbumes de Nestlé en donde una variopinta y seleccionada producción de cromos que se nos ofrecían posteriormente.
Y una vez llenas sus páginas de cromos, para que nuestras madres los presentaran en las oficinas que tenía la Nestlé o «La Lechera» como generalmente le denominábamos nosotros en aquella su pequeña oficina en la calle Pasaje de Amérigo en donde su representante o gerente, el amabilísimo don Jaime Gosálvez, les canjeaba el álbum lleno de cromos por alguna pieza de vajilla o cubertería que hacía las delicias de nuestras madres.
Y así Pepito el Gordo proseguía por los colegios gozando de la amistad de todos sin excepción, pues incluso gente ilustre -y yo poseía documentos fotográficos- como el periodista don Mario Guillen Salaya y el matador de toros Vicente Barrera, gustaban de retratarse con él en el portón de cuadrillas en el callejón de la Plaza de Toros de Alicante.
Dicen y esto no lo he podido comprobar, que era tal su gordura que cuando murió se desprendió de su cuerpo una especie de halo grasoso que llegó a empañar los cristales de las ventanas y los espejos y lunas de su propia habitación.
Pepito el Gordo y la Nestlé quedaron para siempre unidos a nuestra niñez y juventud con el buen sabor del chocolate y la sana amistad con Pepito el Gordo.

CREDITOS
REDACT@R: Raúl Álvarez Antón
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TITULO: Pepito, «el gordo» | Copyright ©
SECCIÓN: RECORDAR ©
PUBLICADO EN: INFORMACION ©
FECHA DE PUBLICACION: 02/05/1999
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