Historias de aquí

La discontinuidad en los proyectos y decisiones de los responsables municipales no es cosa de ahora, sino que viene desde hace mucho tiempo. De hecho, a finales del siglo XVIII se creaba el servicio de serenos y desaparecía a principios del XIX, para volver a aparecer en 1838, a imitación del «método con tanto éxito ensayado en la Corte de Cádiz».
Pero tampoco duraron mucho más tiempo.
Dos décadas después quedaba disuelto el «cuerpo de serenos y alguaciles» de la ciudad de Alicante para que cuidaran «todo el alumbrado público».
Pues bien, si esto pasó con los serenos, una historia similar ocurriría, más tarde, con los bomberos.

REDACTOR: D. Enrique Cutillas Bernal ©

En diciembre de 1842 se declaraba un fuerte incendio en la calle de Princesa que pudo ser sofocado gracias «al auxilio de la bomba... que facilitó la Sociedad Metalúrgica Británica». En años siguientes la proliferación de incendios hizo que en 1848 se acordara «la adquisición de bombas para apagar... y la organización de un determinado número de dependientes que, mediante cierta gratificación estén prontos a prestar el debido servicio, en caso de tener alguna de aquellas lamentables concurrencias».

Era el embrión del cuerpo de bomberos.

Tanto para la compra de bombas como para formar la correspondiente brigada, era imprescindible la autorización del gobernador civil y ésta debió retrasarse, pues hasta julio de 1866 no se presentaba «el Reglamento a que había de atenerse la brigada de bomberos que se cree en virtud de la autorización otorgada al efecto por el señor gobernador».

El articulado quedó en estudio y fue aprobado en el mes de agosto, «suprimiendo el artículo 22 que recogía la retribución asignada a los jefes de bomberos».

En 1866 un voraz incendio consumía «los establecimientos de los señores Soler y Estruch» en la calle Bailén. Ante la falta de medios, muchos alicantinos tuvieron que acudir esa madrugada sin más útiles que sus manos y los cubos que encontraron.
El peligro fue dominado por estos vecinos, y muy especialmente destacaron dos hombres: Rafael Mingot y Gomis, y el maestro de obras Antonio Garrigós, propietario de los pozos del mismo nombre.

El primero estuvo a punto de perder la vida por asfixia y quemaduras, quedándole graves secuelas pulmonares que obligaron al médico don Vicente Román a pedir al director de la Comisión de Beneficencia que, «dado el mal estado de salud de Rafael Mingot y Gomis» era imprescindible «propiciar su estancia en los Baños de Fortuna». Puesto el caso en manos municipales se acordaba en septiembre de 1866:
«considerando que la afección crónica que padecía el expresado Mingot era el resultado de la desgracia que tuvo en el incendio... prestando servicios arriesgados», al no disponer la familia de medios para costear el viaje recomendado, le concedían «a Rafael Mingot y Gomis 250 reales por una sola vez con cargo a la consignación de socorros» para sufragar su estancia en los citados Baños y, así, paliar sus problemas de salud.

En 1868 se dio fuerte impulso a los bomberos construyendo «seis carritos destinados para la conducción de agua en los casos de incendio» y se dispusieron simulacros, «que el próximo domingo den principio... a funcionar por vía de ensayo sus funciones, destinando para ello el edificio del Teatro».

Teniendo presente el comportamiento de Antonio Garrigós en el incendio de la calle Bailén en 1866, el maestro de obras fue nombrado jefe del cuerpo de bomberos, quien como tal, reclamaba en la cuenta de gastos de noviembre, los «premios a los que se han hecho acreedores los individuos de dicho cuerpo en el incendio ocurrido el día 19 de octubre... en una de las bóvedas de San Francisco».

Poco más conocemos sobre aquellos primeros bomberos de Alicante. Todo parece indicar que fueron disueltos años después, pues a finales de 1876, Juan de Dios Mallol solicitaba del Ayuntamiento la creación del cuerpo. Se aceptaba la propuesta siempre que se atuviera al «Reglamento de la época en que estuvo ya organizado el referido cuerpo», que señalaba como «jefe del cuerpo al arquitecto municipal».
No le interesó a Juan de Dios, pero sí a «Rafael Marco y doce compañeros suyos de la clase de artesanos... que se hacían cargo de la bomba y demás útiles».

En junio de 1877 el arquitecto municipal nombraba dos capataces para la Compañía de bomberos, y pedía que dos concejales se encargaran de la parte económica, comprando «una bomba, cascos, cinturones y demás útiles necesarios».
Apenas una quincena después había una lista de aspirantes a formar el segundo pelotón de la primera Sección de bomberos, «formada por individuos pertenecientes a la clase de albañiles, carpinteros y cerrajeros», todos ellos entendidos en la realización de obras y construcciones.

Nos asalta la duda si esta vez hubo continuación o desaparecieron como la anterior brigada.

Lo comprobaremos.

CREDITOS
PUBLICACION: El Cuerpo de Bomberos
EDITOR: Información de Alicante
TEXTOS:Enrique Cutillas Bernal
Fotografías: Información/Archivo Municipal de Alicante/Sanchez/Soriano/Arjones/E.Bañon. etc.
SECCIÓN:Historias de Aquí
FECHA DE PUBLICACION:18/01/1998 | Copyright ©