Según se cuenta y recogen algunos de nuestros más relevantes cronistas, allá por el siglo XM, un leñador descubrió en un frondoso pinar, situado en una elevación a un kilómetro de Alicante, hacia el N.O. una labia de unos setenta por cuarenta centímetros, en la que se representaba «la Virgen, que aparece de medio cuerpo, con un rostro simpático, inclinándose éste, como su mirada dulce y amorosa, hacia un Niño-Dios que sostiene sobre el brazo izquierdo» de acuerdo con la descripción de Rafael Viravens, quien conjetura que dicha tabla muy posiblemente fue enterrada «allá por los años 716, al ser expulsados los cristianos por los árabes que invadieron todas estas tierras».
Al margen del elemento legendario que pudiera contener este acontecimiento, es lo cierto que el vecindario levantó, en aquel lugar, un eremitorio a la imagen descrita que denominó de Nuestra Señora de Los Ángeles. De aquí tomaría su nombre la entonces partida rural, en la que se había producido el singular hallazgo. En 1440, el referido eremitorio fue ocupado por nueve religiosos de la comunidad franciscana; hasta que, en 1515, se trasladaron a un convento, cercano a la ciudad, donde más tarde se levantaría la iglesia y el cuartel de San Francisco, y posteriormente la iglesia de Nuestra Señora de Gracia.
La devoción a la Virgen de los Ángeles atraía al paraje a numerosas personas. "El día dos de agosto celebrase en este templo una solemne función religiosa en honor de nuestra señora, ganándose el jubileo de la Porciúncula, por especial privilegio de Urbano VIII».
Según Gonzalo Vidal, aquella Virgen fue aclamada «como patrona de los alicantinos», y desde entonces, en el pendón real que el Ayuntamiento solía utilizar, aparecía la bella imagen, sostenida por un grupo de ángeles y bordado en seda de oro.
La ermita se desmoronó lentamente, hasta que en 1951, el obispo de Orihuela, Felipe Herrero Valverdo, hizo que se edificara otra de menor tamaño donde se diera culto a Nuestra Señora de los Ángeles. En 1931, el once de mayo, se produjo la irracional quema de conventos.
«Pero tengo entendido —escribió Gonzalo Vidal en el periódico «El Día»— que (la i m a g e n ) está guardada por personas beneméritas, que supieron salvar de la hecatombe tan preciado tesoro». En 1935, definitivamente, fue de molida la ermita de Los Ángeles.

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REDACT@R: Enrique Cerdan Tato
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FECHA DE PUBLICACION: 09/01/2000
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